El sentido último.
Cuando todo parece no tener sentido, cuando nos enfrentamos frente a la posibilidad de nuestra finitud o la de un ser querido, es cuando nos hacemos este interrogante tan fuerte “¿Qué sentido tiene todo lo que hice?”.
Comienza a emerger un sentimiento de dolor profundo, de esos que no se pueden explicar, de esos que rasgan el alma, que hace doler el cuerpo todo, donde la lógica no encuentra cabida ni explicación y nos queda sólo aferrarnos a la fe, como un consuelo, como una esperanza.
El hombre a lo largo de su existencia trató de comprender, explicar e investigar este misterio tan grande que tenemos en la vida, que es la MUERTE. A lo largo de la historia, le fue dando diferentes significados, acorde a lo que podía comprender y experimentar en ella.
Actualmente la muerte, se concibe como la principal enemiga de la humanidad, a la que tenemos que ganarle, a la que tenemos que evitar, el hombre creó ciencia y tecnología con tal fin, sintiendo un profundo sentido de satisfacción cada vez que “logra ganarle”, vencerla, considerando que es su capacidad de Dios lo que determina que una persona viva o muera. Pero queramos o no, eso, sólo es una ilusión.
Le tememos tanto a la muerte que incluso la negamos en nuestra existencia, vivimos como si nunca cabría posibilidad de ella, no hablamos sobre ella, y si alguien querido está en ese proceso de partida, nos enojamos, exigimos que se pongan metas, y que le echen ganas para vivir, con la idea ilusoria, de que tal vez, pueda convencer que, si logro una excusa perfecta, la muerte se convence de que mi vida aún es útil en la tierra y me deja.
Entonces, ¿dónde radica el problema de la humanidad? En la muerte o en la vida…

La meta del hombre en la actualidad: (aquí voy a hacer algo de autoreferencia que pueda ser que coincida en parte con muchos), cuando comencé a formarme en las técnicas de manifestación, mis objetivos plasmados en mis videos mentales eran: “ser reconocida mundialmente como referente en psicooncología”, “dar conferencias por el mundo”, “lograr generar una empresa que despegue e impacte en la comunidad oncológica logrando éxito financiero”, “tener una cuenta abultada de dinero para realizar viajes”, “cambiar el auto”, “vivir experiencias maravillosas en familia (que obviamente implicaban mucho dinero)”. A raíz de esto que pedía, vivía en modo de expectativas para reconocer las señales que indicaran que esto se estaba logrando, así que me tapaba de trabajo, no dejaba pasar ninguna oportunidad, logré estar en los 3 mejores centros oncológicos de Santa Fe, logré dar avances materiales super importantes y concretar viajes soñados, pero sabes que me pasaba, con cada logro que obtenía, sentía que era como comer una rica torta dulce, la degustaba despacito, dejaba que se impregnen todos mis sentidos, pero pronto se terminaba y quedaba un vacío en mi interior. Entonces, comencé a sentir que algo andaba mal dentro de mí, hasta me autodiagnostiqué con distimia, aunque mis valores de neurotransmisores daban bien. Mi mente no dejaba de sacar números y la cuenta bancaria parecía nunca alcanzar, me aterraba si llegaba a estar en menos de $1000 usd, era un infierno el pensar que me podía quedar sin recursos económicos.
Mi Ego estaba frustrado, todo parecía en vano, la gente se sigue muriendo y al acompañarlos en su trascender, me agradecían porque la vida les había dado la oportunidad de irse de este mundo en paz y tranquilidad, nos había cruzado en el momento justo para entender y tener el tiempo de armar su partida y seguir el viaje. Me llevó varios años entender esto. Que parece tan sencillo, pero cuando se vive con la mirada del mundo termina siendo tan difícil.
Nos preparamos para toda una vida de éxitos, mejores escuelas, mejores trabajos, mejores celulares, mejores fotos, todo lo mejor para nosotros y nuestros hijos, no podemos “fracasar”, no podemos ser o tener menos que los demás, vivimos en una competencia mental, en envidias, en éxitos falsos medidos por lo que tenemos, porque todo eso nos garantiza que el día de mañana, cuando sea vieja y la muerte llegue, voy a tener mucho dinero para pagar los mejores médicos y tratamientos para seguir con vida y burlar lo único seguro e inevitable en esta vida, MORIR.
Fue allí cuando comprendí que estaba haciendo mal las cosas para mí, y que debía aprender más de eso que aprendían los maestros que partieron con mi guía y compañía, debía aprender más a escuchar y ser discípula, pero, sobre todo, debía trabajar más sobre el SER que el TENER. El camino era al revés, lo que se debe manifestar en la vida es lo que está en lo puro de nuestra alma, en el fondo de nuestro corazón y lo demás, “se dará por añadidura”. Los diferentes guías espirituales que tuvo la humanidad, en todos los tiempos, nos muestran que el verdadero fin en la vida es cuidar del espíritu, por eso, se crearon “normas o mandamientos”, para que nuestra vida sea cuidada de cualquier perturbación que pueda dañarnos tan profundamente que generemos con nuestros pensamientos un infierno diario.

El Cristianismo, el Budismo, el Hinduismo, el Islamismo, y todas las miradas teológicas de la humanidad de los nativos americanos, nos hablan de una vida después de esta vida, y que nuestro fin en esta tierra es apuntar a ella: Nirvana, Cielo, Swarg. Por lo tanto, el fin último de la humanidad es trabajar nuestro ser, no el tener.
Si hoy la vida te da la oportunidad de poder tener tiempo para mirarte, te invito a que comiences a trabajar más en tu Ser, Alma, Atman, porque el fin último no está en lo material que puedas dejar en este mundo, eso es necesario, pero no suficiente, ya que, si sólo te centras en ellos, puedes generar más infiernos en tu vida que cielos. Busca todo aquello que brinde paz en tu mente y tranquilidad en tú cuerpo, así verás cuan abundante eres. Y cuando llegue el momento de partir, no te desesperaras por aún vivir, porque, al fin y al cabo, todo ya está cumplido.
María